Carcel de Chalatenango. Language : Spanish
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Pandilleros de la MS13
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Las “maras”,
son pandillas, constituidas mayormente por jóvenes que actúan en toda America Central pero también en los USA y en Europa. Están pandillas son particularmente poderosas en El Salvador ya que controlan las calles de la capital San Salvador donde acometen numerosos delitos, desde extorsiones, venta de droga, ataques a mano armada y asesinatos. La MS13 o mara Salvatrucha (nombre que se les da a los salvadoreños en USA), es una de las dos maras más potentes de El Salvador, también es la sucursal de la pandilla que lleva el mismo nombre en Los Ángeles, llamada así por la calle 13 de esta ciudad. Los miembros de la MS13 se cuentan por millares y se enfrentan a los otros miembros de la otra gran mara de la ciudad, la M18. Es una lucha cotidiana por el territorio donde sobreviven y que les lleva a matarse entre mareros y a enfrentarse violentamente contra la policía.
Hay 21.000 prisioneros en las prisiones de El Salvador y la mitad de ellos son mareros de las dos pandillas. Cada mara ocupa una prisión específica, la de la M13 es la prisión de Chalatenango, donde se hacinan 1019 prisioneros en unos locales previstos para 600. Superpobladas, las prisiones ofrecen una cierta seguridad a los mareros ya que sus vidas en la calle es más bien corta, por eso muchos de ellos matan a alguien sin ninguna razón para poder estar seguros detrás de las rejas, entre compañeros de mara. La vida en las cárceles es una rutina que solo interrumpe las visitas semanales de la familia y estas mas intimas de sus parejas que una vez al mes se pueden realizar en habitaciones privadas.
Los mareros de la MS13 se comunican con uno sin problema, viven entre colegas y como otros jóvenes de estas edades pasan el tiempo riendo y bromeando. Cuando cogen sus niños en brazos, al ver sus expresiones de ternura se le olvida a uno que la mayoría de entre ellos han matado a sangre fría y algunas veces lo han hecho con una crueldad inusitada hacia sus victimas y además están orgullosos de sus actos, la lagrima tatuada al borde del ojo es una revendicación patente de ese acto.
A pesar de la represión policial, que muchas veces es totalmente arbitraria ya que cae sobre todos los que llevan el “look” marero, los crímenes no cesan de aumentar, y hoy los mareros están aprendiendo a diluirse en la masa, ya no se tatúan los signos de pertenencia y tampoco se visten de manera sugerente, todo lo que les convertía antes en dianas potenciales. Es una estrategia para despistar la policía y fundirse en el paisaje urbano. Por el contrario el lenguaje corporal esotérico sigue imperando y sigue siendo el signo de identificación y de pertenencia al grupo exclusivo que es la mara, so gestos que cuyo lado infantil e irrisorio expresa su falta de cultura y su inmadurez.
Observando atentamente al comportamiento de estos jóvenes no puede uno sino pensar en lo inhumano de un sistema que sacrifica toda una generación tirandola a las cloacas de la historia, pensar en un mundo cuya perversidad transforma las victimas inocentes en verdugos que a la postre serán chivos expiatorios.
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Reportaje : Herman Campos.El Salvador.Carcel de Chalatenango.Mars 2009.
Escrito por : Pedro Campos Cuevas.